¿SABÍAS QUE ERAS UN CLON?

“Es toda una experiencia vivir con miedo ¿verdad? Eso es lo que significa ser un CLON.”

            No quiero ser un clon. La Real Academia Española define como clones al “conjunto de células u organismos que son genéticamente idénticos”. Por su parte, según F. Saverio Ambesi lmpiombato (2000) “la clonación es el procedimiento de obtener una población de varios individuos genéticamente homogéneos”. Entonces, yo no debería ser un clon. Sin embargo, a veces me he sentido como tal. Y a ti, ¿alguna vez te ha ocurrido lo mismo?

            Nuestra sociedad ha llegado más allá aún y no es algo de actualidad. Durante muchos años los aparatos ideológicos (AIE) y represivos (ARE) del Estado han sido capaces de crear clones sin la necesidad del uso de células u organismos. Pero esto no queda aquí, aún lo siguen haciendo y cada vez con más y mejores estrategias. ¿Sabes de qué estamos hablando?

¿Alguna vez te has llegado a plantear si eras un clon, al que tal vez le implantaron los recuerdos, ideas, opiniones…?. ¿Sabrías cómo detectar a uno? ¿Te gusta vivir siéndolo? ¿Qué nos convierte en clones? “Estamos diseñados para imitar a los humanos en todo menos sus emociones. Pero había una posibilidad de que desarrollaran emociones propias. Odio, amor, miedo, enojo, envidia. Así que tomaron precauciones” (Blade Runner, 1982)
Para responder a estas preguntas, no hay más que echar la vista atrás. En concreto, al año 1950 en el que en la escuela se enseñaba a leer, a escribir, así como diferentes técnicas y habilidades, las reglas del buen uso… pero también, tal y como afirma Louis Althusser (1988) a los/as alumnos/as se les enseñaba a dar órdenes, saber dirigirse a los obreros… Es decir, se aprendían habilidades que luego eran requeridas como mano de obra.

Pasaron los años y comencé mi etapa escolar. ¿Las cosas habían cambiado? Creo que sí. Sin embargo, seguían repitiéndose ciertas costumbres heredadas del pasado en cuanto a estereotipos de género por ejemplo, es decir, las chicas vestían de rosa y los chicos de azul. Tampoco los juegos eran los mismos. ¿Qué pasaría si esta convención social no hubiese sido así?

A su vez, vivimos la llegada de la tecnología. Sin embargo, las metodologías seguían siendo las mismas. Me pregunto, ¿de qué sirve introducir las Tecnologías de la Información y Comunicación (en adelante, TIC) en el aula si se seguían empleando los mismos métodos tradicionales? Los/as maestros/as día tras día reproducían los contenidos de los libros de texto sin significado alguno para el alumnado, olvidando el papel activo y transformador del sujeto en este proceso tan importante como es el del aprendizaje. Entonces, ¿dónde se tienen en cuenta los intereses, necesidades y particularidades de cada niño/a?. En la escuela de Barbiana, en la que está basada el libro Cartas a una maestra, el aprendizaje era entendido como un proceso social de contrucción del conocimiento en el que todos/as los/as participantes eran sujetos activos y los roles que se asignaban al profesorado y al alumnado eran contrarios a los de la enseñanza tradicional. Los/as docentes debemos de crear aprendizajes significativos y devolverles esa ilusión, motivación y ganas por aprender porque tal y como recogen los/as alumnos/as de la escuela de Barbiana “Hay poco en el sistema de enseñanza que sirva para la vida” (V.V.A.A., 1974, 20).

Recuerdo como había cierta dificultad para abordar a los/as alumnos/as que presentaban alguna dificultad. Me pregunto, ¿dónde quedan las ganas por aprender de una niña cuando se le excluye por no saber reproducir literalmente el Conde Olinos?  o ¿cómo se siente un niño al que mandan a la clase de inglés de los “tontos” porque su ritmo de aprendizaje era más lento que el del resto? Un/a maestro/a puede llegar a ser el referente principal de un niño/a a lo largo de su infancia y adolescencia, puede marcar su vida para siempre. Por ello, es necesario exigir un grado de profesionalidad e implicación a los/as docentes con sus niños/as, por la importante tarea que desempeñan. La docencia ha de ser vocacional.
Los/as alumnos/as han sufrido un deterioro y desgaste por parte de los maestros/as. Un claro ejemplo es el que le ocurre a uno de los alumnos de la escuela de Barbiana, ya que el muchacho se convirtió en un chico tímido por el trato que recibía de la maestra. “La escuela tiene un solo problema: los muchachos que pierde” (V.V.A.A., 1974, 25). 

Pero la tarea de clonación va mucho más allá de las aulas. También existen otros aparatos ideológicos que contribuyen a homogeneizar a la sociedad. Es el caso de los medios de comunicación. 

Los medios de comunicación hoy en día nos ofrecen la información de tal manera que los/as receptores/as la interpretamos como los/as de arriba desean que lo hagamos. Bien es cierto en este sentido que, como señala Umberto Eco en su artículo Guerrilla semiológica: "Un país pertenece a quiénes controlan los medios de comunicación". 

Con la educación sucede lo mismo, ya que está en manos de altos cargos (políticos/as, ministros/as y consejeros/as), que buscan a toda costa educar a los/as ciudadanos/as según sus intereses, ya que como los/as niños/as tienen que estar escolarizados/as hasta una edad mínima, aprovechan esa escolarización para ejercer control y poder sobre ellos.
Y llegados a este punto y tras reflexionar sobre el recorrido que ha seguido el modelo educativo y social pasado y presente, la siguiente pregunta que debemos plantearnos es: ¿Qué principios pedagógicos reuniría la escuela futura de tus sueños?

En el siglo XXI se buscan metodologías activas que desarrollen al máximo las capacidades y competencias. Esto conlleva como veíamos anteriormente un cambio en la forma de trabajo de educadores/as, alumno/as, familias y el resto de la comunidad. Principalmente están centradas en el/la estudiante y si las comparamos con la enseñanza tradicional incentivan la motivación y participación puesto que son más atractivas.

Ahora bien, y si tuviéramos en nuestras manos la posibilidad de ayudar a los/as nuevos/as alumnos/as de Barbiana, ¿qué aspectos serían la clave para mañana? Fomentar el trabajo en equipo; trabajar aprendizajes basados en el mundo real, que sean útiles para la vida; enseñar contenidos que inciten a la solución de problemas mediante el razonamiento y la investigación; emplear escenarios que sirvan para introducir en el contexto; descubrir nuevos conocimientos a través de discusiones en grupo y poner en práctica metodologías activas como aprendizaje basado en juegos o en proyectos, gamificaciones, pensamiento de diseño, y juego de roles, entre otras cosas.  

Pero, ¿qué se necesita para introducir los anteriores principios o características? Es necesario convertirnos en buenos/as educomunicadores/as así como contar con las siguientes competencias: la formación adecuada y los conocimientos específicos, así como estar abierto/a a una constante renovación; utilizar las tecnologías como un medio en el proceso de enseñanza - aprendizaje y no como un fin; partir de los conocimientos previos de los/as alumnos/as para introducir los nuevos contenidos; enseñar a hacer un uso responsable de los medios; y fomentar el conectivismo (Siemens, 2004) y la colaboración y cooperación entre alumnos/as, así como familias y escuela.
Los/as educadores/as del futuro han de cumplir la función de guías, mediadores/as y facilitadores/as en los procesos de aprendizaje del alumnado. Deben contar con competencias investigadores y gestoras y tener la capacidad de facilitar herramientas a los/as niños/as para que sean capaces de desenvolverse en las distintas situaciones que se les presenten a lo largo de la vida.

¿Y cuál es el papel del alumnado en este modelo educativo? Queremos alumnos/as activos/as, creativos/as, que sean capaces de reflexionar sobre aquello que están aprendiendo, que tengan competencias en el uso de las nuevas tecnologías, y que sean colaboradores/as y comunicativos/as. 

Aprender a conocer supone además aprender a aprender para poder aprovechar las posibilidades que nos ofrece la educación a lo largo de toda la vida tal y como recoge el Informe Delors (1996). En otras palabras, se refiere a aquellas habilidades que nos permiten decidir qué es lo que queremos hacer, cómo conseguirlo, cómo procesarlo, y por último, cómo generar posible conocimiento para desarrollar una tarea concreta. Esta capacidad de aprender a aprender es una de las llaves principales para adaptarnos a la sociedad en la que vivimos actualmente.


Ahora que sé todo esto, que soy consciente de que necesitamos una educación integradora, que valore las particularidades de cada uno/a, que sea respetuosa, que fomente el pensamiento libre, que sea acogedora, motivadora, basada en experiencias y que forme a personas autónomas, capaces de reflexionar. Ahora, que soy consciente de esto: ¡YA NO QUIERO SER UN CLON!


ALTHUSSER, L. (1969). Ideología y aparatos ideológicos de Estado. Buenos Aires: Nueva Visión. 

AMBESI-LMPIOMBATO, F. S. (2000). La clonación. Recuperado de: http://aebioetica.org/revistas/2000/1/41/48.pdf

Blade Runner. Dir. Ridley Scott. Harrison Ford, Rutger Hauer, Sean Young, Edgard James Olmos, Willians J. Anderson, Brion James, Darryl Hannah, Joanna Cassidy, Joe Turkell. Warner Bros. Pictures, 1982. DVD.

DELORS, J. (1996.): Los cuatro pilares de la educación en La educación encierra un tesoro. Informe a la UNESCO de la Comisión internacional sobre la educación para el siglo XXI, Madrid, España: Santillana/UNESCO. pp. 91-103.

OLIVENCIA, J. L., y MARTÍNEZ, N. M. (2015). Tecnologías de geolocalizaión y realidad aumentada en contextos educativos: experiencias y herramientas didácticas. Revista DIM: Didáctica, Innovación y Multimedia, 31 (4). Recuperado de: http://dim.pangea.org/revistaDIM31/docs/DIMAR31geolocalizacion.pdf

SIEMENS, G. (2004). Conectivismo: una teoría de aprendizaje para la era digital. Recuperado de: http://clasicas.filos.unam.mx/files/2014/03/Conectivismo.pdf

V.V.A.A. (1986). Cartas a una maestra, alumnos de la escuela de Barbiana. Madrid: istmo.

AUTORAS: Caridad Ojaos Eulogio - Fátima Amparo Martínez Pérez - Laura Mella Sobrino - Paula Pardo Todolí - Natalia Abellán de la Cruz.


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