El libro (1967) es una colectiva de sus alumnos/as dirigida a una
profesora de enseñanza superior donde se habla de la escuela
de Barbiana.
Recoge una clara crítica a la escuela selectiva y a aquella creadora de niños/as desmotivados/as y condenados/as al fracaso escolar y a la exclusión social. A mi parecer, a pesar de los años transcurridos, no hay mucha diferencia con la escuela actual, en ocasiones y por desgracia.
Nos encontramos en la escuela de Barbiana, situada en una pequeña aldea del norte de Italia. Su fundador fue el
párroco y profesor Lorenzo Milani.
Era una escuela al aire libre, donde no existían pizarras, ni pupitres en los que los/as alumnos/as se
sentaban y eran meros receptores/as de la información del docente, tampoco existían horarios, notas, ni tampoco días festivos y
vacaciones. Era una escuela acogedora, integradora y libre de exclusión a la que todos/as,
tanto niños/as de pueblo como de montaña podían acudir porque todos/as eran iguales.
En la escuela de Barbiana el aprendizaje era entendido como un proceso social de construcción del
conocimiento en el que todos/as los/as participantes son sujetos activos y los roles que se asignan
al profesorado y al alumnado son contrarios a los de la enseñanza tradicional Esto conlleva a la pérdida del rol meramente transmisor de
información y la llegada de otro caracterizado por el asesoramiento, acompañamiento,
y facilitador de recursos, entre otras cosas, para así lograr un verdadero aprendizaje
significativo. Se trata, por lo tanto, de espacios que se convierten en el lugar de encuentro y
participación entre participantes y docentes, a la vez que facilitan la
planificación del aprendizaje, la difusión de recursos, herramientas y espacios colaborativos
de comunicación. Aprendizaje lleno de libertad de expresión, motivación,
reflexión, ensayo – error, manipulación, grandes conocimientos, posibilidades y
nuevas herramientas por investigar, descubrir, crear, elaborar…
Sigamos luchando para conseguir más escuelas de tales características y abramos a
los niños/as las denominadas “ventanas de oportunidad” donde los/as protagonistas de este proceso son
ellos/as, los niños/as. Si bien el aprendizaje continúa a través de todo el ciclo de vida, los/as
docentes tenemos que estar ahí para saber abrir en cada momento esas ventanas y
brindarles su oportunidad. Oportunidad llena de motivación,
ilusión, exploración, experimentación y con fuerza para saber afrontar problemas y desafíos, participando, viviendo no como
un mero espectador sino como un gran protagonista.
Me gustaría terminar parafraseando a Gabriela Mistral: "El futuro de los niños es siempre hoy. Mañana será tarde".

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